EVA PERÓN dice, desde el Cielo "VOLVERÉ Y SERÉ MILLONES" Aunque la muerte me tiene presa entre sus cerrazones Yo volveré de la muerte, volveré y seré millones. Yo he de volver, como el día, para que el amor no muera, con Perón en mi bandera, con el pueblo en mi alegría. ¿Qué pasó en la tierra mía desgarrada de aflicciones? ¿Por qué están las ilusiones quebradas de mis hermanos? Cuando se junten sus manos volveré y seré millones. Pido un lugar en tu pecho y aunque lo tengo ya sé que me das lo que se ve: sólo un corazón deshecho. ¡Tanto es el mal que te han hecho, mi pueblo, con sus traiciones, que claman los corazones y me llaman y ya voy, desde la muerte en que estoy presa entre sus cerrazones. Tantos rostros, tanta pena, tanta espiga de dolor y la vida alrededor con su cepo de condena. Ya tu suerte me enajena, pueblo mío, y me sostiene sólo el amor con que viene tu llamado hasta mi ausencia; yo...
... si ahora se tropieza el inglés a cada vuelta de cada esquina, luego llegará el caso de que nos echen de nuestras casas, como se dice que está sucediendo en el Janeiro ... es un error que la baratura sea benéfica a la patria. No lo es cuando ésta procede de la ruina del comercio ... Los ingleses no traerán casas hechas porque no caben en sus buques, pero traerán botas, zapatos ropa hecha, clavos, herraduras, alcayatas, rejas, argollas frenos, espuelas, estribos y hasta mucha parte de carpintería y ¿qué les quedará entonces a nuestros artesanos? ... arruinarán enteramente nuestras fábricas y reducirán a la indigencia a una multitud innumerable de hombres y mujeres que se mantienen con sus hilados y tejidos, en forma que dondequiera que se mire no será más que desolación y miseria. (Manuel Yañiz, 4 de septiembre de 1809 en el Consulado de Buenos Aires)
Esa noche, mientras Martín deambulaba por la ribera empezó a llover después de largos, ambiguos y contradictorios preparativos. En medio de continuos relámpagos comenzaron a caer alguna gotas, vacilantemente, tanto como para dividir a los porteños –sostenía Bruno- en esos dos bandos que siempre se forman en los días bochornosos de verano; los que, con la expresión escéptica y amarga que ya tienen medio estereotipada por la historia de cincuenta años, afirman que nad a pasará, que las imponentes nubes terminarán por disolverse y que el calor del día siguiente será aún peor y mucho más húmedo; y los que, esperanzados y candorosos, aquellos a quienes les basta un invierno para olvidar el agobio de esos días atroces, sostienen que “esas nubes darán agua esta misma noche” o, en el peor de los casos, “no pasará de mañana”. Bandos tan irreductibles y tan apriorísticos como los que sostienen que “este país está liquidado” y los que dicen que “saldremos adelante porque siempre aquí hay g...
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